23 ago. 2012

La disyuntiva.

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El Ying o el Yang. Frío o el calor. Negro o blanco. Subir o bajar. Más claro agua. 
Hace tiempo ya, oteo con delicadeza dicha disyuntiva y se me viene a la cabeza varias formar de contraatacarla, de solucionarla e incluso (como método de escape y huida) de evitarla. 
Hace tiempo ya que la mala hierba creció en el florecido jardín y ahí está. Ahí sigue, como si nada, esperando. Mirando al jardinero... Oh! Él será el que aplique el decisivo corte. Y ya veremos que renace en ese lugar. 
La disyuntiva, muy hija de perra ella, se queda mirándote fijamente. Quiere que se reaccione ante ella. Ella siempre esperará algo por parte del enemigo. Ella nunca se desvanecerá... En cambio, el cúmulo de oportunidades que dan pie a tal disyuntiva van a variar.
El orden de las oportunidades no altera lo esencial. Pero quizás sea la oportunidad lo verdaderamente esencial. 
Es ahí donde está la miga del asunto. ¿Consejo? 
Muy señor mío, cálcese las botas y prepárese. Y ante la disyuntiva muestre la conjunción. ¿Por qué elegir? Sea egoísta por una vez y ante el "o" respondo con un "y".


A.Ayala

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