10 dic. 2011

La buena vida

Share

Él si que vivía bien, él lo sabía, tenía la forma de llegar a ser feliz y disfrutaba de ello. Lo conocí durante menos de una semana, no llegó ni a 4 días... Hombre afrancesado, del que pronto descubrí que tenía sangre de mi tierra, sangre de la Sierra del Segura. Descendiente de pobres incomprendidos por "batallitas" familiares. 
Supo saber adaptarse a su nueva identidad, a su nueva labor, la cual desempeñaría en al sociedad que ahora  era la suya. Llegando a convertirse en un defensor a ultranza de la sociedad que lo "acogió", siendo esta la última y única salida. 
Él encontró entre viñedos y el agua del Loira, vivir y ser feliz. Resguardado por los muros de ese centenario pseudo-chateau, supo dedicarse a lo que mejor se le daba, la poesía. Nunca dijo ser el mejor, nunca fardó de ellos, es más, no mencionó su afición hasta que la descubrí. Nunca olvidaré que se quedara impresionado, entre mordisco y mordisco al gateau matutino, por decir esa palabra... -"On utilise un mot, un mot qui..." -"Proche?" -"Oh, oui. Proche!"
Tampoco olvidaré como nos despidió, de la misma forma que nos acogió... encalando su barco, un barco que navega entre viñedos, unos viñedos de oro.

A.Ayala

No hay comentarios:

Publicar un comentario